Bosquejo histórico crítico

Enviado por Sombra el Lun, 16/03/2020 - 00:23

Lo que va a leer aquí explica todo y destroza muchas cosas que cree saber.

Tan sólo es un bosquejo, se ciñe a pinceladas generales, es lógico, coherente y tiene el aroma de la verdad.

Abra su mente, disponga su espíritu más crítico y acompáñenos.

Comenzando desde el principio, vamos a ver cómo todo lo difícilmente explicable se explica, encaja y cobra sentido.

Existen personas buenas y personas malas

Eso es indiscutible y ha sido así desde el principio de los tiempos.

Desde las cavernas, los malos siempre han buscado la forma de conseguir lo que querían de los buenos y generosos.

Los malos siempre han sido avariciosos, vagos, egoístas y crueles.

Hoy siguen siéndolo también.

La primera maldad

La aplicación de la fuerza es la primera maldad.

Cuando el malvado tiene la fuerza nos obliga con ella a hacer algo que no queremos hacer.

Ser obligado a hacer cosas por la fuerza ni es justo ni es bueno.

La segunda maldad

Atribuirse ser los intérpretes de la voluntad de los dioses fue la segunda maldad.

Quizás algunos lo fueran.

Al igual que malvados, hombres y mujeres santos y buenos han habido y habrán siempre.

Pero a quien no lo es, a quien es malvado, le resulta muy fácil aprovecharse de nosotros y nuestra Fe y gracias a eso adquirir Poder.

Las religiones, todas, son Estructuras de Poder y en ellas, en todas, los malvados se integran buscando ascender en sus organizaciones para tener y usar ese Poder.

Por eso las religiones, aún siendo buenas y necesarias para el espíritu humano, son peligrosas para las sociedades humanas porque por definición sus estructuras, sus iglesias, buscan la obediencia basada en la Fe.

Y la Fe no requiere ni pruebas ni explicación ni justificación.

Ni admite crítica.

Las religiones, todas, imbuyen en sus fieles qué respetar el dogma y seguir su Fe ciegamente les confiere superioridad moral, les hace poseedores de "La Verdad".

Eso es una falacia y se observa a la perfección en los Estados Teocráticos que, en teoría, se rigen por los preceptos divinos de su dios revelados a través de sus profetas y determinados por sus dirigentes.

En consecuencia, una obediencia basada sólo en la Fe, una obediencia ciega, es tan mala y perversa cómo una obediencia forzada.

La "Ley de Dios", sea cual sea esa ley y sea cual sea ese dios, tan sólo debe ser una guía moral personal y de comportamiento individual, jamás una forma de Gobierno.

Un Gobierno Teocrático donde lo "correcto" y aún lo lícito depende de la interpretación de unas revelaciones de la "voluntad de dios" sujeta a toda la sociedad a los caprichos incontrolados de cualquier malvado que llegue a arrogarse recibir "revelaciones" de ese dios o tener la autoridad para interpretarlas.

Crea, además, al menos una escisión de la sociedad entre "creyentes" y "no creyentes" y, aún siendo todos "creyentes", entre devotos y laxos.

También es excluyente con otras religiones y fomenta el regresivo e inmovilizante "pensamiento único" "respetuoso" del dogma.

No existe nada más nocivo para un Pueblo y su futuro.

La religión NUNCA, JAMÁS, debe poder tener control sobre el Estado.

Cualquier religión que preconice eso o aspire a ello debe ser prohibida y erradicada.

La tercera maldad

Ser manipulado por el malvado para que hagamos lo que a él le conviene o no hagamos lo mejor para nosotros es la tercera maldad.

La manipulación se apoya en la mentira pero también en la tergiversación, en presentar algunas cosas dándoles una explicación coherente en apariencia pero diferente a la verdad.

El malvado puede, incluso, llegar a crear pruebas falsas que apoyen la mentira.

Así el malvado adquiere Poder y luego lo usa contra nosotros y en su beneficio.

Cuando actuamos manipulados lo hacemos sin conocimiento de causa porque, en realidad, actuamos a ciegas, engañados y sin ser conscientes de las causas reales de porqué lo hacemos.

Ejecutar cualquier acción engañados es tan malo y perverso como la obediencia ciega o la obediencia forzada.

De hecho es incluso peor, porque actuamos en el convencimiento personal de haber llegado por nosotros mismos a esa conclusión y estar haciendo lo correcto.

Las formas de Gobierno

El primer Gobierno fue cómo el de los animales, el dominio del individuo "alfa", el más poderoso.

Eso no duraría demasiado si ese individuo "alfa", ese poderoso, no era capaz de conseguir que el grupo estuviera más seguro y consiguiera con regularidad el alimento necesario.

Luego se llegó a la primera Democracia, aunque no se la denominase así.

El conjunto del grupo decidió seguir al individuo "alfa" que ofrecía más protección y un suministro regular de comida, apartando a cualquier otro "alfa" no tan capaz de ofrecer estabilidad aún si era más poderoso.

Fue la primera Decisión Social Humana, no animal.

Los seres humanos evaluamos quien era mejor a la larga, no en un instante puntual, y nos unimos para apartar a quién, aunque fuera más fuerte o capaz en un momento dado, no lo fuera a la larga, primando a quien si lo era.

Ningún animal hace eso.

Esa forma de Gobierno es la forma Tribal básica.

Es la forma de Gobierno más antigua de la humanidad y perdura hasta nuestros días, lo que la certifica cómo la mejor de ellas.

En su día fue evolucionando con la formación de distintos tipos de Consejo para debatir y decidir las cosas que lo requirieran y escoger a quién en cada momento y circunstancia debía desempeñar la Jefatura, la dirección diaria de todos, tomar las decisiones ejecutivas, reinar.

La Monarquía Electiva

Se les denominase o no Reyes, el desarrollo de la forma Tribal de Gobierno fue la evolución a la Monarquía Electiva en la que un grupo mayor que una tribu, quizás una unión de Tribus, decide que necesita un líder de lideres, un Gran Jefe, un Rey.

Ese Poder es temporal, concedido de forma directa o indirecta por el conjunto de la Sociedad, por el Pueblo, e igual qué es concedido puede ser retirado.

En algunas civilizaciones llegó a ser específico o incluso policéfalo, bien escogiéndose Reyes, Jefes, Caciques, etc de Paz, o de Guerra, o de Caza, o de Recolección, o de Viaje, etc cuyas Jefaturas, cuyos reinados coexistían o se alternaban según las circunstancias lo requirieran.

Por desgracia la inmensa mayoría de las Monarquías Electivas derivaron en Monarquías Hereditarias qué extremaron sus esfuerzos para qué esta forma de Gobierno se olvidase.

Y que lo consiguiesen, sobre todo y con más amplitud en aquellas civilizaciones en las que las religiones estaban más desarrolladas y eran más fuertes, es la muestra más clara y evidente de lo perniciosa que es para los Pueblos la intromisión de las religiones en sus Gobiernos y Estados.

El Vaticano, que es la forma de Monarquía Electiva más longeva y de hecho el Estado más antiguo del mundo, propició en el ámbito católico el triunfo de las Monarquías Hereditarias en detrimento de las Electivas.

Estas, cómo Estado, le interesaban más porqué era más fácil influenciarlas al requerir, dada su ilegitimidad intrínseca, su refrendo para ser aceptadas por el Pueblo.

La Monarquía Hereditaria

Cuando el descendiente de un Gran Jefe, de un Rey o Reina, decide qué tiene más derecho a seguir en el puesto de su ascendiente qué cualquier otro que el Pueblo decida elegir, hurtando al Pueblo su Derecho de Elección y, auxiliado bien por la Fuerza de sus afines, bien por la de Poderosos que esperan sacar provecho o con el apoyo de las estructuras religiosas que lo designan como  "voluntad de dios" o por medio de cualquier otra manipulación, se perpetua en el Poder y luego también lo cede a sus descendientes surgen las Monarquías Hereditarias.

Absolutamente todas las Monarquías Hereditarias en su origen hurtaron el Poder y el Derecho de Elección al Pueblo mediante una apropiación indebida de ese Poder, bien por la fuerza, bien por el designio de la religión, bien por la manipulación y el engaño.

Posteriormente todas ellas incurrieron en el abuso de ese Poder arrogándose la Propiedad de las Tierras y de las Gentes y el dominio absoluto sobre las unas y los otros.

Con el tiempo algunos Pueblos lograron poner cortapisas a ese Abuso de Poder de los Reyes Hereditarios forzándolos a aceptar limitaciones a la aplicación del mismo a través de Cortes, Parlamentos, Senados u otras estructuras de control similares u homologables en su finalidad.

Las Monarquías Hereditarias, todas, se arrogan un Derecho a Reinar qué ni tienen ni merecen.

Esto ni niega ni descarta qué algunos de sus Monarcas hayan podido resultar grandes reyes, beneficiosos para algunos Pueblos en momentos dados de la historia.

Como tampoco que otros hayan sido capaces de hacerle creer a esos Pueblos engañados qué han sido buenos para ellos pese a qué muchos de esos reyes resultasen perniciosos o aún nocivos para sus Pueblos.

Tampoco niega qué, a día de hoy, algún monarca hereditario actual pueda ser el único capacitado para regir su país en este momento.

Esa no es la cuestión.

El problema radica en qué su mayor defecto, además de su absoluta carencia de ningún tipo de Derecho, es ligar sus Reinados al Gobierno de unos descendientes futuros qué son fruto de la aleatoriedad genética.

Ningún Monarca Hereditario puede garantizar la calidad ni validez de sus herederos futuros, ni cómo personas ni cómo monarcas y, aún si así fuera, seguiría sin asistirles el menor Derecho a reinar por encima de la Voluntad y el Derecho del Pueblo.

Además, el hecho de qué se arroguen la posesión exclusiva del derecho a reinar de ellos y sus descendientes fuerza a qué, ante un mal heredero convertido en mal rey, la única opción sea intentar derrocarlo, las más de las veces por medio de la violencia, cosa que ellos intentan evitar mediante la represión aplicando la fuerza.

No obstante hay que reseñar qué las monarquías hereditarias se esforzaron y esfuerzan mucho para corregir cualquier posible defecto o inconveniente de sus futuros herederos, brindándoles la mejor formación y educación posibles, la más adecuada para un monarca, consiguiéndolo en ocasiones.

La Dictadura

Cuando un "alfa" desechado por el Pueblo descubrió qué podía agrupar y liderar a otros menos dominantes y crear un grupo que usando la fuerza se impusiera a los demás surgió la Dictadura.

Si se autotituló Gran Jefe, Rey, Cesar o lo que fuese e intentó dar lugar a una Monarquía Hereditaria las estructuras de propaganda del Poderoso al qué le pretendía arrebatar el Poder le denominaron Usurpador.

Si lo consiguió fue Rey, Gran Jefe, Cesar o lo que fuese.

Y sus hijos y los hijos de sus hijos también hasta que otro les logró despojar del Poder que se habían apropiado o se extinguieron sin descendencia.

La República

Cuando demasiados pretendientes al Poder, conjurados para usurpar el poder de un Rey Hereditario, estaban muy igualados, temiendo todos que uno de ellos llegase a ser Rey y los eliminase, convinieron un sistema que permitía la alternancia en el Poder.

Así nace la República.

La República es el Gobierno de los Incapaces.

De aquellos qué deseando reinar y no teniendo suficiente Poder para ello engañan y manipulan al resto para qué sean ellos los que les confieran al menos una parte del Poder.

Por eso debe ser prohibida y abolida.

Porqué su existencia se basa en utilizar cualquier medio, incluido el mentir y manipular, para convencer al Pueblo de qué les confíe el Poder que desean.

Su mayor defecto es qué aquellos qué a través de ella acceden al Poder lo hacen buscándolo, no mereciéndolo, y sin estar en ningún caso especialmente preparados para ejercerlo y administrarlo.

Y para conseguirlo se asocian con otros Poderes y Poderosos, comprometiendo cosas qué sólo pueden satisfacer mediante el uso y el abuso de ese Poder que buscan y quieren y, además, mintiendo y manipulando al Pueblo, ocultándole el "precio convenido" a cambio del apoyo para obtener ese poder.

Quien debe poseer el Poder

El Poder emana del Pueblo y debe residir en el Pueblo.

Cualquier otra cosa distinta a esa conduce a la injusticia.

Aunque no se puede gobernar mediante comités, eso es inoperante.

Se precisa un "mando único", un responsable, un ejecutivo, un Rey que ejerza la Autoridad, el Poder, en nombre de todos y siguiendo las directrices decididas por todos.

Pero esa Autoridad debe estar subordinada al verdadero Poder que reside en el Pueblo.

Siempre y en todo momento.

No es su Autoridad ni la ejerce a su libre albedrío, es la nuestra, la del conjunto de nosotros, y la ejerce en nuestra representación y con nuestro permiso.

Y eso presenta un problema.

Un problema qué se intentó solucionar dividiendo el Poder, fragmentándolo para qué sus partes se controlasen entre si.

No es la situación perfecta pero jamás se ha podido avanzar más allá.

A los malvados no les interesa ese avance, lo objetan, dificultan e impiden.

Y consiguen qué nadie plantee una mejor opción.

La única opción lógica:

Qué fragmentemos lo indecible el Poder estableciendo una amplia multiplicidad de Poderes del Estado y escojamos para ejercer el Poder en nuestro nombre a uno entre nosotros que haya sido preparado, educado para ello y destinado a ello antes de siquiera desear ser quien lo ejerza.

Hay que aprovechar el proceso ideado por los monarcas hereditarios para capacitar a sus descendientes.

Hemos de capacitar a los mejores de nuestros hijos para ejercer el Poder en representación nuestra.

Eso dejará fuera del acceso al poder a todos los malvados porque cuando desarrollen plenamente su maldad cómo para desear alcanzar el Poder y poder actuar para conseguirlo serán ya adultos y estarán fuera del proceso de elección sin poder acceder a el.

Jamás nunca ninguna civilización ha sido gobernada así

Lo más aproximado a ello es la forma en la que los Tibetanos buscan a quién suponen la reencarnación de sus Lamas entre los niños y luego se ocupan de formar especialmente a esos niños.

Seleccionar a los mejores y más capaces entre nuestros hijos y jóvenes cuando aún no son adultos ni tienen inquietudes de poder, educarlos y formarlos, evaluar su calidad cómo personas y seres humanos para finalmente poder escoger entre los mejores de ellos a quién deseamos que nos rija y represente, que sea el máximo valedor de nuestra cultura y valores no se ha hecho jamás.

Qué reine el mejor de los mejores entre nuestros hijos, sea cual sea su origen, siendo formado para ello y escogido por el Pueblo y qué, cuando llegué el momento de la sucesión, vuelva a reinar el mejor de nuestros hijos, formado para ello por nosotros y escogido por todos nosotros.

Y que su Poder sea el nuestro, para lo que nosotros queramos qué haga y nada más y qué si no cumple se lo podamos retirar.